Estrategia Metropolitana de Zaragoza y su entorno

Zaragoza y su entorno necesitan una mirada metropolitana propia

BlogNoticias
30 septiembre 2026
Isabel Rabanaque Hernández

Coordinadora técnica de Ebrópolis

 

El reto es cómo transformar la interdependencia de nuestro territorio en oportunidades y calidad de vida para la ciudadanía

Pensar el futuro de Zaragoza y su entorno exige una mirada que vaya más allá de los límites administrativos y que, al mismo tiempo, responda a las características propias de nuestro territorio. La buena noticia es que ese camino ya ha comenzado.

El proceso para avanzar hacia una Estrategia Metropolitana de Zaragoza y los municipios de su entorno ya está en marcha. Un Grupo Motor, constituido el pasado mes de julio y formado por las principales instituciones y agentes del territorio, es el espacio desde el que se orienta y acompaña el desarrollo de la Estrategia, y ha comenzado a identificar los principales ámbitos de trabajo y a definir una forma de avanzar. Al mismo tiempo, empieza a activarse el trabajo temático que permitirá profundizar, de manera progresiva, en aquellos asuntos que requieren una mirada supramunicipal. Desde Ebrópolis acompañamos y coordinamos técnicamente este recorrido, facilitando el diálogo entre las instituciones y agentes implicados y aportando nuestra experiencia en planificación estratégica y cooperación supramunicipal.

Nuestra asociación forma parte también del grupo de trabajo de Agenda Urbana Metropolitana del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, creado para incorporar a los trabajos del Ministerio una visión más amplia de las distintas realidades territoriales del país. A ello se suma la relación mantenida durante casi tres décadas con profesionales y responsables de planificación estratégica a través de los Encuentros de Planificación Estratégica Urbana y Territorial promovidos por Ebrópolis en Zaragoza. Este intercambio permite contrastar enfoques y experiencias, pero también mirar con más perspectiva nuestra propia realidad y pensar qué respuestas se ajustan mejor a sus características.

Porque el verdadero desafío no es simplemente constatar que somos un territorio interdependiente, sino conocer mejor cómo funciona esa interdependencia, ordenar los retos que tenemos en común e ir definiendo prioridades. Avanzar hacia una estrategia metropolitana significa consolidar una cultura basada en la cooperación y el consenso, respetando las competencias y la diversidad territorial y buscando respuestas conjuntas allí donde la escala municipal resulta insuficiente.

Una realidad metropolitana singular

La realidad metropolitana de Zaragoza tiene características propias. La ciudad concentra un peso demográfico, económico, institucional y funcional muy elevado y se relaciona con un conjunto de municipios muy diversos, con pocos núcleos intermedios y un importante número de localidades de menor tamaño. Esta estructura territorial combina el papel central de la capital, los municipios dinámicos y en crecimiento, así como otros de menor tamaño, más rurales o envejecidos, que también forman parte de las interacciones metropolitanas.

Sin embargo, esta singularidad no debe entenderse como una debilidad, sino como una característica de partida. Zaragoza no puede trasladar de forma automática modelos pensados para otros territorios, necesita una mirada propia, capaz de reconocer tanto la capacidad de articulación de la capital como la aportación de las localidades de su entorno. Como punto de partida, trabajamos con un ámbito de referencia que reúne medio centenar de municipios.

Esta mirada también exige tener en cuenta la amplitud del propio término municipal zaragozano, donde conviven espacios urbanos, productivos, agrarios, logísticos y barrios rurales con identidad propia. Todo ello configura una realidad compleja, en la que las relaciones no siempre son continuas ni evidentes sobre el papel, pero sí cada vez más claras en la vida cotidiana.

Por eso, hablar de una mirada metropolitana no significa dibujar una línea cerrada ni fijar una delimitación rígida. Significa reconocer relaciones, dependencias mutuas, oportunidades compartidas y retos que no pueden resolverse de forma aislada. Hay municipios que quizá no generan grandes flujos diarios de movilidad laboral, pero que mantienen vínculos estrechos con Zaragoza en materia de equipamientos, servicios especializados, sanidad, educación, comercio o cultura. Al mismo tiempo, Zaragoza también necesita de las demás localidades para pensar mejor su futuro: la movilidad, la vivienda, el suelo productivo, el equilibrio ambiental y la capacidad de generar oportunidades son cuestiones que solo pueden abordarse desde una visión de conjunto.

De la interdependencia a una gobernanza flexible

Zaragoza y los municipios próximos ya funcionan, en muchos aspectos, como un territorio metropolitano. La cuestión es cómo dotarnos de método y espacios de trabajo para establecer prioridades comunes y abordar de forma compartida esa interdependencia. No se trata necesariamente de crear nuevas estructuras administrativas ni de imponer un modelo rígido. En un territorio tan diverso, parece más adecuado avanzar hacia una gobernanza flexible, basada en la confianza, la coordinación entre administraciones y la participación de los agentes sociales, económicos, profesionales, académicos y ciudadanos.

En este sentido, la idea de geometría variable resulta especialmente útil. No todos los retos afectan de la misma manera a todo el territorio, ni todos requieren la misma escala de respuesta. La movilidad cotidiana, por ejemplo, exige pensar en conexiones con áreas de empleo, transporte público, intermodalidad y ferrocarril; mientras que la vivienda exige observar las dinámicas residenciales, la disponibilidad de suelo y el equilibrio territorial. Igualmente, la actividad económica obliga a relacionar suelo productivo, energía y logística, de la misma manera que la gestión del agua, los residuos o los espacios naturales necesita fórmulas adaptadas a cada ámbito. La escala metropolitana no sustituye a la local; la complementa allí donde actuar de forma aislada resulta insuficiente.

Esta manera de entender el territorio empieza ya a reflejarse en la forma de trabajar. El Grupo Motor ha validado la hoja de ruta para el desarrollo de la Estrategia y ha acordado comenzar por la movilidad y la conectividad metropolitana. A partir de las aportaciones de los municipios y agentes del territorio, se han identificado también otros ámbitos prioritarios: la vivienda y la cohesión territorial, la logística y los nuevos proyectos económicos y la adaptación climática.

Tenemos, por tanto, unos primeros puntos de partida. Ahora se trata de entrar con mayor profundidad en ellos, entender las relaciones entre unos temas y otros, incorporar distintas perspectivas y concretar qué cuestiones requieren una respuesta coordinada y a qué escala.

No partimos de cero: la experiencia de Ebrópolis

A la hora de dar este paso, la ventaja es que el territorio no parte de cero. Existen experiencias que demuestran que el trabajo conjunto es posible y que, cuando se sostiene en el tiempo, ofrece resultados útiles para la ciudadanía. La movilidad es un buen ejemplo de ello, con instrumentos de coordinación que han permitido avanzar en la organización del transporte entre Zaragoza y distintos municipios.

Ya hay relaciones, experiencias y espacios de diálogo, así como una conciencia creciente de que determinados retos necesitan respuestas coordinadas. Lo que hace falta ahora es ordenar mejor ese trabajo, darle continuidad, ampliar la mirada e ir dando contenido a una estrategia común que permita pasar de la cooperación puntual a una forma más habitual de planificar conjuntamente.

Esa base previa permite dar ahora un paso más. La construcción de la Estrategia requiere sumar el conocimiento y la experiencia de las instituciones, municipios y agentes implicados, junto con su compromiso para avanzar de manera coordinada. Desde Ebrópolis aportamos la coordinación técnica y facilitamos ese trabajo conjunto.

El territorio metropolitano de Zaragoza afronta en los próximos años retos de gran alcance, con nuevos proyectos industriales y tecnológicos e inversiones vinculadas a la logística, la alimentación, la automoción o las energías renovables. Estas oportunidades generarán empleo y dinamismo económico, pero también plantean preguntas esenciales sobre cómo se integran y qué efectos tendrán sobre la movilidad, la vivienda, el consumo de recursos o el equilibrio territorial.

El reto no es solo atraer inversiones, sino anticipar y comprender sus efectos territoriales. Si cada cuestión se aborda de forma fragmentada, corremos el riesgo de perder oportunidades, duplicar esfuerzos o generar desequilibrios. Si, por el contrario, somos capaces de anticiparnos y trabajar de manera coordinada, la escala metropolitana puede convertirse en una ventaja que ayude a vertebrar mejor el territorio, distribuir oportunidades y evitar que ningún municipio quede al margen de las transformaciones que vienen.

En este camino, Ebrópolis aporta una trayectoria consolidada de más de treinta años trabajando desde la planificación estratégica, la participación y la cooperación supramunicipal. A lo largo de este tiempo, los planes, pactos y diagnósticos compartidos han contribuido a generar una cultura común. Esa experiencia aporta continuidad, conocimiento técnico y un espacio de confianza desde el que facilitar el diálogo entre instituciones y agentes diversos.

Contamos, además, con una base social e institucional muy valiosa, en la que administraciones, universidad y agentes económicos y sociales forman parte de un ecosistema territorial amplio. El hecho de que buena parte de ellos sean socios de Ebrópolis facilita el trabajo; no partimos de relaciones por construir, sino de una red existente. Este entramado es fundamental, porque la dimensión metropolitana no pertenece a una sola institución: su construcción exige sumar perspectivas, capacidades y responsabilidades.

El verdadero objetivo: mejorar la vida de las personas

Por eso hablamos de avanzar hacia una Estrategia Metropolitana para Zaragoza y los municipios de su entorno. No como un documento cerrado, sino como una herramienta útil para orientar decisiones, alinear políticas públicas, facilitar acuerdos y avanzar, progresivamente, hacia actuaciones concretas. Esta estrategia debe partir del conocimiento riguroso de la realidad, pero también de la escucha activa y de las capacidades reales de quienes participan. Y debe ayudar a concretar qué queremos hacer y también cómo avanzar, con quién, sobre qué territorio y con qué recursos.

La planificación estratégica puede aportar precisamente ese marco común. Puede ayudar a ordenar la conversación, identificar acuerdos, conectar con políticas públicas de largo recorrido y sostener el proceso más allá de las urgencias del momento. Pero, para que sea útil, deberá ir concretándose en prioridades, compromisos y líneas de actuación.

Para ello serán fundamentales la implicación y el liderazgo de las instituciones y entidades que forman parte de este recorrido. Una estrategia de estas características necesita continuidad, voluntad de cooperación y capacidad para asumir responsabilidades.

La estrategia debe servir, sobre todo, para mejorar la calidad de vida de las personas y garantizar la cohesión territorial. La planificación no tiene sentido si no se traduce en una movilidad más eficiente, servicios más accesibles, vivienda más asequible, equipamientos mejor distribuidos, un entorno más saludable y resiliente y mayores oportunidades de empleo. La pregunta de fondo es sencilla, aunque la respuesta sea compleja: ¿cómo conseguimos que vivir en un municipio u otro no suponga tener menos oportunidades de desarrollo personal, laboral o de participación en la vida del territorio?

Solidaridad territorial para un proyecto común

La solidaridad territorial debe ocupar un lugar central. La mirada metropolitana no puede entenderse como una pérdida de autonomía municipal, sino como una forma de aumentar la capacidad colectiva para afrontar retos cada vez más complejos. Cada municipio tiene algo que aportar y algo que recibir. No hablamos de una jerarquía entre centro y periferia, sino de una relación de interdependencia. Se trata de construir un proyecto en el que la fortaleza de Zaragoza sea una oportunidad para el conjunto del territorio y en el que el equilibrio de los municipios sea también una condición para el buen funcionamiento de todo el sistema.

Zaragoza y los municipios de su entorno se encuentran en un momento clave. El proceso está en marcha y existe ya una base compartida sobre la que seguir avanzando. Queda mucho por analizar, contrastar y acordar. Pero, para que este recorrido tenga continuidad, serán fundamentales el compromiso de las instituciones y entidades implicadas y un liderazgo compartido que permita sostener el trabajo en el tiempo.

El valor de este proceso no debería medirse por reproducir un modelo concreto ni por crear una nueva estructura administrativa, sino por su capacidad para convertir una realidad metropolitana ya existente en un proyecto cooperativo y orientado al futuro, con mejoras visibles en la vida cotidiana de la ciudadanía. Desde Ebrópolis seguiremos trabajando para hacerlo posible.

Reunión del grupo motor para una estrategia metropolitana

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